—¿Y cuál fue el resultado?
—Yo...
¡PLAF!
Una sonora cachetada rompió el silencio de la habitación. La mujer se tambaleó hacia un lado por el impacto y se golpeó la cintura contra el borde de la mesa. La bandeja de té que sostenía se sacudió y las tazas tintinearon, a punto de caer al suelo.
Naomi se quedó atónita ante lo que hizo Falcon.
—¡Detente!
La sirvienta cayó de rodillas y se llevó una mano a la mejilla, que ya empezaba a enrojecer por el golpe.
—Lo siento, don Falcon... Por favor, perdón