Lydia recobró el conocimiento. Lo primero que sintió fue una fuerte punzada en las sienes que parecía latir al compás de su corazón. Al abrir los ojos, tenía los párpados insoportablemente pesados y la vista nublada durante varios segundos.
—¿Dónde estoy? —preguntó en voz baja.
Un olor desconocido, mezcla de humedad, madera vieja y polvo acumulado, invadió sus sentidos. Se quedó inmóvil y dejó que la mente se le despejara mientras intentaba recordar lo que había pasado antes de que todo se oscur