Don Falcon se detuvo exactamente a un metro de Naomi, que permanecía sentada en el suelo, sin fuerzas. Su mirada era fría y carente de emoción, mientras una sonrisa desdeñosa le curvaba los labios. Naomi le devolvió la mirada con un odio profundo, una rabia que jamás en su vida había sentido.
—Iré contigo... No voy a escapar —dijo Naomi con voz temblorosa mientras luchaba por contener las lágrimas y la rabia—. No lastimes más a la señora Lydia. Deja que alguien venga por ella.
Falcon no respondi