Cale levantó la cabeza y miró a Lydia fijamente a los ojos.
—Tienes razón.
Aquella sincera intimidad hizo que el momento entre los dos se sintiera cálido y pleno. Durante unos instantes, se miraron en un silencio cómodo, disfrutando del ritmo constante de los latidos del otro.
Cale le dio un suave beso en la frente a Lydia, un beso prolongado, lleno de gratitud y de mucho amor. Pero esa paz trajo de vuelta la enorme responsabilidad que acababan de afrontar esa noche. Con la cabeza apoyada en el