—Carajo —murmuró Cale mientras se limpiaba la sangre del labio partido.
Recorrió con la mirada, uno por uno, a los hombres tendidos e indefensos en el suelo. Algunos ya estaban inconscientes, cubiertos de moretones y heridas, y con varios huesos rotos por los golpes de Cale.
A pesar de la paliza, se mantuvieron obstinadamente leales. Ninguno quiso revelar quién los envió a secuestrar a Naomi.
Pero Cale ya lo sabía. Esos hombres trabajaban para don Falcon. Y no iba a dejarlo pasar.
Aunque antes d