Eli se calló.
Al doctor todavía le costaba creerlo. La chica que tenía delante se veía común y corriente. Tenía una cara dulce y apenas había hablado en todo ese tiempo. No había nada en ella que sugiriera que perdía los estribos con facilidad, mucho menos que se metería en una pelea que la dejara con el cuerpo lleno de heridas.
—Para serle sincero, estoy bastante sorprendido. Una paciente como usted se ve muy tranquila. Cuesta imaginarla metida en una pelea —continuó el doctor.
Eli solo sonrió,