Damien apenas había salido del edificio cuando su teléfono sonó. Ya conocía las consecuencias de lo que había hecho antes de hacerlo, pero esta vez estaba decidido a afrontar lo que viniera.
—¡Damien, te has vuelto loco de repente! —gritó su madre en cuanto contestó.
—Mamá, ¿puedes escucharme primero…?
—¡No me digas que escuche, Damien! ¿Qué te pasa? Es esa perra, ¿verdad? Es ella la que te está manipulando, ¿no? —dijo Stacy, temblando de rabia.
Damien se recostó en el asiento del coche y se pe