— ¿Estás bien? Puedo ir y estar contigo cariño.
Suspiré, observando aquella puerta que se encontraba enfrente.
¿Sería capaz hoy de entrar a esa habitación? ¿Hoy lo haría?
—Noah —escuché, reaccionando y prestando atención a lo que decía mi madre.
— ¿Si? —pregunté distante.
—Te preguntaba si podía ir a visitarte hoy.
—Voy a estar un poco ocupado, tal vez mañana —comenté, sin quitar mi vista de aquella puerta.
Era un maldito cobarde.
—Eso me vienes diciendo hace cuatro días.
—Cuatro días —susurré—