Eduardo cerró la puerta del despacho antes de hablar.
Alice levantó la vista del contrato que estaba revisando y supo, por la forma en que él sostenía el teléfono contra la carpeta con los nudillos algo más blancos de lo normal, que la mañana acababa de cambiar de dirección. Eduardo no era alarmista. Había aprendido, en meses de trabajar con Alice, que una crisis solo era crisis cuando encontraba una grieta por donde entrar y que él no era la grieta. Esta vez, sin embargo, lo que traía en la man