Erik se encontraba completamente seguro de que ninguno de nosotros se salvaría de los efectos secundarios.
Hablando del rey de Roma, justo que se asoma. En ese momento entro Erik, se veía tranquilo, como si tuviera todo planeado. Se acercó a mí y me saludó con respeto.
"Su Alteza" dijo, y yo asentí, intentando controlar las ganas de darle un coñazo, por habernos dicho que sería algo leve.
"Disculpe las molestias. Pronto va a tener la piel como un bebé." logró decir, y ni siquiera me molest