El viaje fue tranquilo. Llegamos a Lucland en un santiamén y pronto estuvimos en la puerta de la cárcel. Bryce Golubev, el jefe de los guerreros, había hecho un trabajo excepcional. Había tanques enormes llenos de ácido nítrico en ambos extremos de la entrada, además, los guardias y agentes llevaban gafas y máscaras de gas.
¿Quién hubiera pensado que Bryce sería tan leal? Aún recordaba que ayudó a nuestro enemigo. Tenía que reconocer que Sylvester había sido muy comprensivo, ya que habría perd