A primera hora de la mañana, cuando Samuel despertó, Esmeralda ya no estaba en la cama. La gran cama revuelta le recordaba al hombre lo que había ocurrido la noche anterior.
Quizás por hastío, Samuel solo lo había hecho una vez. Era la primera vez de Esmeralda, y después se aferró a él con fuerza, murmurando que ya era suya.
Al recordarlo, Samuel se sintió como si hubiera pasado una eternidad. No pudo evitar pensar en la felicidad que una vez tuvo, pero que ya no le pertenecía.
Samuel apartó la