En el interior, la luz se encendía y apagaba.
Habían sido amantes en el pasado, ahora tenían una relación confusa e indefinible.
Después de mucho tiempo, la nuez de Adán del hombre se movió ligeramente, escuchó a la mujer murmurar:
—Vete. Gracias por estos días.
—No me voy a ir.
El hombre no se ocupó de la bofetada en su cara, se volteó para abrir la puerta, aún muy gentil:
—Te acompaño arriba.
La mujer:
—Lucas.
La voz del hombre tenía contención:
—Que me abofetees, lo tomo como algo divertido,