En el crepúsculo, el rostro de Damián se veía borroso.
La sonrisa en el rostro de Aitana se desvaneció, lo miró con nostalgia, allá estaba muy peligroso, en realidad no sabía cuándo regresaría.
Fernando también se bajó del auto, miró a su hijo, después miró a Aitana y dijo suavemente:
—¡Aitana se va!
Aitana de repente alzó la voz:
—¡Damián, feliz año nuevo!
Ese "feliz año nuevo" no era una felicitación, sino una promesa.
¡Damián, tienes que esperarme!
Espera a que traiga a Joaquín de vuelta.
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