Evelyn, de un momento a otro, siente como la atmósfera de la habitación cambia. Hasta ahora, habían tenido una conversación tranquila, fácil hasta cierto punto, pero cree saber hacia dónde se dirige la mente de Wilhelm.
—Sí, claro. Dime.
—No eres tonta, querida Evelyn. Me doy cuenta de que no eres una persona ignorante, conoces perfectamente el medio en el que nos desenvolvemos y cómo son las personas de este mundo.
Eso es verdad, por más que Evelyn se haya ido por poco más de dos años del lado