ASHER
HORAS ANTES
—No puedo creer que te ensañes tanto con esa pobre chica —agrega mi padre, quien no ha dejado de estar metiéndose en mis asuntos, tanto de la empresa, como del manejo del sistema en el hospital.
Le miro mal.
—¿Para eso me has llamado? —Enarco una ceja con incredulidad—. Porque de ser así, entonces hubieras mandado un mensaje de texto, son más rápidos y me evitas la pérdida de tiempo.
—Deja de comportarte como un crío, tienes veintiocho malditos años, eres el CEO, el dueño de c