Una semana después…
Gianna.
Me había convertido en una ermitaña. No salía de casa y mi nuevo lugar de trabajo era el comedor. Podía ver a Alek las veces que quisiera y estaba en casa todos los días. Cumplía mi deber como madre al llevarlo al kínder y me ocupaba para no pensar en el padre de mi hijo.
Solo en estos momentos que lo estoy mencionando, es que lo recuerdo.
Una mente ocupada no extraña a nadie.
Sabías palabras que me han ayudado estos días. Thomas estaba en su mundo y yo estaba en ple