Odiaba preocuparme por él.
Gianna.
Me sentía la persona más idiota del planeta, porque no debería preocuparme por Mikhail, pero no soy mala persona y sé que estaba enfermo todavía. Lo veo sentado en el sofá hablando con Alek. Mi hijo sonreía mientras le nombraba a cada uno de sus dinosaurios.
—Cariño, ¿quieres jugar en tu habitación? En un ratito te llevo las galletas que te regaló el tío Thomas.
—Pero mami —hace pucheros y ve a Mikhail—. Vino a buscarme. Quiero ir a la tienda de ropa.
—Cielo,