Mikhail.
Parecía mentira. Ambos esperamos este momento por tanto tiempo, y finalmente el día había llegado. Como por arte de magia, los nervios y la ansiedad desparecieron, dando lugar a la calma y a esa agradable sensación que afloraba cada vez que estábamos juntos. Esa dulce paz que nos envolvía cuando nuestras manos se entrelazaban y cada uno buscaba refugio en la mirada del otro, sabiendo que allí nada malo podía pasar.
La noche de este frío miércoles estaba apenas empezando y el agitado tr