Khail aún estaba herido, adolorido, pero parecía estar tan adaptado al dolor que no pareció importarle cargar a Adam en sus brazos.
Pudo habérsele soltado alguno de los puntos, pero no intentaría protestar, no ahora, no después de lo que sabía.
Habíamos cenado juntos y vimos una película. Su acercamiento a mí era igual que el de siempre, me tocaba, sus dedos me rozaban y mi corazón martillaba con tanta fuerza cada vez que lo hacía que se me hacía difícil no saltar hacia él.
Estuvo a punto de mo