Los besos entre Can y Sira comenzaron a aumentar de nivel y por ende, los cuerpos comenzaron a calentarse, como dos supernovas que acababan de alcanzar su máxima velocidad. Inmediatamente, las manos de Sira buscaron por debajo de la playera de Can y comenzó a acariciar su pecho con un deseo que tenía guardo desde hace tiempo atrás.
⎯Amo te pecho ⎯ le murmuró ella. Encima de sus labios mientras Can la arrinconaba entre la encimera y su cuerpo.
⎯Y yo te deseo tanto, Sira Zas. Desde que te fuist