Donde los Caden...
Un anciano y una joven jugaban al ajedrez.
El anciano, que parecía tener unos sesenta años, llevaba un traje.
La joven parecía tener unos veinte años. Llevaba un vestido blanco y la cabeza adornada con una tiara blanca. Su piel suave y clara contribuía a la elegancia de sus finos rasgos faciales. Era casi como si se tratara de una estatua esculpida con exquisitez de un hada inmortal a la que se le hubiese dado vida.
“Anoche pasaron muchas cosas”, habló el anciano en ton