Al ver a la golpeada y ensangrentada Tiara, cuya vida colgaba de un hilo, James se enfureció.
Su furia formó un poderoso flujo de energía que desprendía un aura espantosa. En ese momento, la temperatura a su alrededor descendió y cayó en picada. El Emperador y los demás se estremecieron.
Al ver la mirada asesina de James, el Emperador sintió un poco de miedo. Incluso le temblaba la mano. Sin embargo, al recordar que tenía a Tiara como rehén, sonrió con frialdad y dijo: “Nunca habría pensado