James sacudió su cabeza, tratando de sacar a Thea de su mente.
Miró la mejilla de Quincy, la cual estaba enrojecida tras la cachetada. Se puso de pie, le acarició la cara ligeramente hinchada y preguntó preocupado: “¿Te duele?”.
“Sí”, respondió Quincy agraviada y se apoyó en los brazos de James.
“Tengo miedo de perderte. Cuando te recuperes y vuelvas con Thea, ¿Qué voy a hacer?”.
James la abrazó suavemente y suspiró. “Entonces, debe ser el destino. Estoy en deuda con ella y nunca podré devol