"¿Quién demonios eres?". Thea miró fijamente a James.
Nadie sabía su nombre, así que ¿cómo iba a reconocerla un humano?
Las piernas de James se habían hundido en el duro suelo, pero miró a Thea, intentando persuadirla: "Nunca es tarde para hacer las cosas bien, Thea. Deberías corregir tus errores".
"Debes tener ganas de morir". De repente, Thea desencadenó un ataque diferente. Una luz deslumbrante surgió de sus afiladas garras.
¡¡¡Cric!!!
La barrera protectora de James se rompió al instante