Misteriosos sigilos brillaban en una ruina en algún lugar del Duodécimo Universo. Un anciano se paró frente a la ruina y estudió los sellos. Estaba sumido en sus pensamientos. De vez en cuando, fruncía el ceño.
En ese momento, Heath, que había huido del Reino de los Desalmados, apareció ante el anciano y lo saludó. "Maestro".
El anciano vestía una túnica gris y parecía un anciano de setenta años. Tenía el pelo canoso y una larga barba.
Al ver a Heath, frunció el ceño y preguntó. "¿No fuiste a