El ático estaba asfixiantemente silencioso. Había llegado la medianoche, envolviendo el extenso rascacielos en una manta de sombras espesas y pesadas.
Valentina estaba en el centro del baño principal. Se salpicó la cara con agua helada, observando en el enorme espejo del tocador cómo las gotas corrían por sus pálidas mejillas. Su piel aún se sentía acalorada. El peso fantasma de las grandes manos de Alejandro agarrando su cintura persistía en su memoria. El fantasma de su aliento contra sus lab