“Dime, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué me dejas ir? Megan apretó la mandíbula y pateó a Adina.
Adina estaba tendida en el suelo, su respiración era débil. Había sangre salpicada por todas partes. La patada de Megan la hizo sangrar más.
“¡El Palacio de la Vida Eterna es malvado! Encuentra un mejor hombre en tu próxima vida. No te cases con una escoria de nuevo”, escupió Megan con frialdad.
Al ver que Adina no podía responder, guardó su espada y corrió cuesta abajo.
No se arrepintió de haber