Mientras la última palabra resonaba en el aire, los ojos de Antígono brillaron con frialdad. Su mano derecha golpeó rápido como un rayo, lanzando un golpe afilado como un cuchillo que se clavó directamente en la espalda de Morticia.
En un abrir y cerrar de ojos, sangre fresca salpicó el aire.
Un dolor agudo se precipitó en oleadas mientras el cuerpo de Morticia se sacudía. Su cerebro zumbaba y se quedaba en blanco.
El Archidemonio... ¿quería matarla?
Morticia nunca habría imaginado que Antí