“¿Qué estás haciendo?”.
En ese momento, varios hombres de una mesa cercana se levantaron y regañaron al camarero de la tienda con una mirada furiosa.
“¿Por qué la tocaste?”.
“No es que ella no quiera darte dinero. Esas monedas de plata son antigüedades y valen más que un tazón de fideos. No seas tan desagradecido”.
“Sí, suéltala”.
Cuando dijeron eso, lucían justos.
Ya que todos eran cultivadores, el camarero sabía que no podía meterse con ellos, así que torpemente le soltó la mano.
Raquel