Morticia sabía que el Archidemonio Antígono era un hombre estricto, pero no esperaba que la castigara de esa manera. Había perdido todo poder y sería encarcelada. Era un destino aún peor que la muerte.
Morticia, presa del pánico, quiso pedir clemencia, pero se detuvo antes de decir algo.
Era la que mejor conocía al Archidemonio Antígono. No la perdonaría si pidiera clemencia en aquella situación. Le preocupaba que al final se enfrentara a un castigo más severo.
"¡Su Excelencia!". Forsythe se