El discípulo ladró sin amabilidad: “¡Sopórtalo! Te lo mereces por ofender a nuestra hermana mayor”.
Darryl sonrió amargamente. “Ella fue quien me capturó sin motivo alguno. ¿Por qué no me quitas las agujas? Entonces, dejaré de gritar”.
Darryl trató de actuar como si estuviera agonizando, pero sus ojos brillaban con disimulo. Sabía que el discípulo no se atrevía a quitarle las agujas, así que lo dijo a propósito.
La cara del discípulo estaba llena de impaciencia. “Tú... Shh... No tan alto”.
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