¡Mald*ta sea!
Cuando vio a Oliver darse la vuelta para irse, la escena llenó de rabia a Grunt. La ira en su corazón incrementaba a cada segundo.
‘Entonces, ¿ese mald*to sin piernas no me va a ayudar?’.
Si no se unía a la raza demoníaca, significaba que no tendría a nadie apoyándolo. Eventualmente, el Emperador de los Nueve Cielos lo alcanzaría.
No, no podía caer así.
La cara de Grunt se enrojeció. Con un tirón, se puso de pie.
Al segundo siguiente, una onda de energía estalló de su cuerpo