“Su Excelencia”.
Oliver quería llorar, pero no había lágrimas. Dijo preso del pánico: “No sé qué fue lo que pasó. Esas estacas de madera y piedras se movieron de repente. Fue completamente inesperado-”.
Oliver miró a Darryl y gritó: “Es Darryl. Debe ser él”.
Oliver estaba tan asustado y enojado que quería culpar a cualquiera menos a sí mismo. Después de todo, no había hecho ninguna contribución y había causado la muerte de casi mil soldados demoníacos. Si Morticia fuera a culparlo, ¿cómo podr