‘¿Quizás robó la tarjeta?’, se preguntó Declan.
Al ver la duda cruzar el rostro de todos, Darryl respondió. “No es mío. Es de mi jefe”.
Al principio, todos permanecieron en silencio, pero segundos después, todos se echaron a reír.
‘¡Jajaja! Entonces era de su jefe’, pensaron todos.
‘¡Jaja! ¡Después de todo, era de su jefe! ¡Él era solo un niño jugando con la tarjeta de su jefe! ¡Qué oportunista!’, pensó Declan.
‘¡Malditos! Tengo la amabilidad de conseguirles la habitación, ¿y ustedes d