"Jaja, Darryl, ¿escuchaste eso? ¡Apúrate y mátame! ¡No puedo soportarlo más!". Natalia tenía ganas de moverse, pero sus puntos de acupuntura estaban sellados y no podía moverse en absoluto. Esta sensación era la más insoportable.
Por un momento, la cara de Natalia se sonrojó y sus labios rojos se separaron ligeramente mientras reía sin parar. Su risa estaba impregnada de dolor, y no sabía si reír o llorar.
Darryl la observaba con una expresión pausada. Al verla así de torturada, sonrió y dijo: