“¡Basta! ¡Por favor, basta!”.
A Monica le dolía el corazón como si la hubiera atravesado un cuchillo. Ella lloró con todo su corazón al Señor Kenny. “¡Basta! ¡Por favor, detente!”.
El Señor Kenny mantuvo la cara seria mientras decía francamente: “Querida, no voy a matar a Darryl por ti. Soy lo suficiente amable para capturarlo vivo...”.
El Señor Kenny volteó su cabeza hacia el campo de batalla e ignoró a Monica.
Monica supo por la expresión resuelta del Señor Kenny que no había lugar par