—Arcel... —Intenté retirar mi mano de su agarre, pero él apretó más su sujeción. Respiré con dificultad cuando me apretó más fuerte, no hasta el punto de hacerme daño, pero...
—¿Cuántas veces debo recordarte que no te metas conmigo, Thea? ¿Quieres molestarme y descubrir lo que voy a hacerte, eh? ¿Eso es lo que quieres? —Me miró y vi lo oscuro que estaban sus ojos. Sus ojos oscuros como metal me miraban directamente y pensé que el olvido eterno me devoraría por la forma en que me miraba.
—¿Q-Qué?