EL ESPEJO SE ROMPE
La áspera cuerda de cáñamo se clavó cruelmente en sus muñecas, inmovilizando firmemente sus brazos detrás del respaldo de una pesada silla de madera. El frío húmedo del suelo del almacén se filtraba directamente a través de sus zapatos planos, pero apenas sentía la incomodidad física. Cada gramo de su concentración estaba fijo en la mujer que daba un círculo lento y burlón a su alrededor, mientras los tacones de sus impecables botas hacían clic rítmicamente contra el hormigón