Mundo ficciónIniciar sesiónCaracas, Venezuela.
Scott Foster estaba acostado en la cama de la habitación principal de la casa que había alquilado hacía ya seis meses en la urbanización Altamira de la capital venezolana. Recién se había despertado y estaba viendo las noticias de los atentados en el televisor de treinta y dos pulgadas en el mueble frente a su cama y pensaba que todo se estaba tornando realmente peligroso en el mundo. Eran las seis de







