Isabella al escuchar las palabras de su gerente, sintió que hervía de furia, ¿qué le daba derecho a hablar de lo que no sabía?
— ¿Una vida miserable, dices? qué sabes tú de lo que era mi vida al lado de mi esposo, Valentino, era el hombre más cariñoso que he conocido, si él no me cumpliera en la cama, ¿cómo creés tú qué concebimos a nuestro precioso y amado hijo? ¡hijo que estoy a punto de perder por tu culpa, por tu gran estupidez!
— ¡Isabela...!
— No tenías derecho a pasarte de la línea conmig