Nina.
- ¡¿Dijo que?! Mi amigo prácticamente grita la pregunta en el teléfono. Molesta, me alejo el teléfono de la oreja y lo vuelvo a dejar.
— Con cada palabra.
- ¿Y tu?
“¿Qué querías que hiciera?
- ¡No lo sé! ¿Besarlo, rendirse, abrir esas malditas piernas para él? ¡Por el amor de Dios, mujer, no puedes defraudar a un hombre así! Si es que tu me entiendes.
—¡¿Julia?! - La regaño, pero ya es demasiado tarde, porque mi mente acaba de imaginarse a un hombre grande y fuerte como Thor empuñando su