La celda en la que estaba encerrado era minúscula y oscura. Las paredes olían a humedad, tuve que reprimir algunas veces las ganas de morir. Lo de morir sin luchar no era lo mío, me asqueaban esas cuatro paredes que veía a cada hora.
Sabía porque estaba allí, y ella iba a venir en cualquier momento.
Las mu