LIRA
—¡Arrghhh!
Lo sé antes de que el dolor siquiera empiece. Antes de la opresión. Antes del cambio dentro de mí que no se siente como movimiento, sino como un despertar. Me detengo a mitad del pasillo. El corredor se estira demasiado frente a mí. Demasiado silencioso. Demasiado quieto.
—Aristóteles —llamo.
Él se detiene de inmediato. Se gira. Ve mi rostro. Y todo en él se agudiza.
—¿Qué pasa?
Inhalo. Pero no ayuda.
—Es temprano.
—¿Qué tan temprano?
—Demasiado.
Silencio. El dolor golpea. No e