EVELESSA
Para cuando llegamos a casa, la cabeza me late constantemente y una multitud de emociones se asientan en mi pecho como un peso que no me puedo quitar de encima.
En cuanto abro la puerta y entro en la casa antes que los demás, me quedo paralizada: justo frente a mí, en la sala, hay tres extraños.
Una mujer está sentada en el sofá como si fuera la dueña del lugar; espalda recta, barbilla levantada, ropa cara y un rostro que me resulta familiar pero que no logro ubicar. A su lado, un homb