—Alexandra, en el futuro, tienes que darme cualquier información de tu primo, especialmente sobre Magnolia.
—No te preocupes, Magdalena. No dejaré que Magnolia se quede con mi primo.
—Alexandra, gracias. —sonrió Magdalena.
—De nada. Seremos familia.
Magdalena pensó, «Sí, soy la mujer digna de Ricardo.»
Pasaron unos días y Magnolia se encontró con Magdalena fuera del estudio.
Le invitó al café Magdalena.
Magdalena preguntó: —¿Por qué no vas a hacer los trámites del divorcio con Ricardo?
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