Magnolia, sorprendida, al oír a su hija decir esto.
Inconscientemente miró a Ricardo, que estaba a su lado, y la expresión del hombre se tiñó de la misma sorpresa mientras la observaba con mirada complicada.
Fue un momento muy sentido para Magnolia.
Al segundo siguiente, la señora Vargas habló con desdén, —cómo puedes llamar a cualquier hombre papá, qué ineducada.
Magnolia tapó los oídos de su hija y llevó a la niña hasta la puerta de la sala donde estaba su secretario, dijo con sonrisa, —Aria,