Magnolia se enfrentó a él cara a cara.
En ese momento, se despojó de su disfraz habitual y enseñó los colmillos donde debían estar.
Ricardo bajó los ojos ante la mujer fuerte y dominante que tenía delante, su tono era amable, —estará bien Aria, te lo prometo.
—Más vale que lo prometas.
Magnolia respiró hondo y miró la luz roja parpadeante, lamentando ahora no haber sugerido cenar con Rosalía.
Sabiendo muy bien que Rosalía debía haber recibido la noticia con antelación, esperó deliberadamente a R