Cuando Ricardo oyó esto, vio al camarero de pie en la puerta con una caja de regalo muy grande en la mano, ¡y tuvo la ilusión de que era un varón prostituto!
Sus emociones se mezclaron por un momento, y no habló ni pasó por el regalo.
No podía entender cómo aquella mujer podía estar tan segura de que seguiría creyéndola, sabiendo que había oído lo que había dicho...
¿De dónde sacó el valor?
Pero Gabriel, que estaba a su lado, estaba un poco inquieto, se acercó directamente a coger el regalo y di