Después de que Magnolia terminara su trozo de postre y bebiera un poco más de agua, se dio cuenta de que Ricardo no dejaba de mirarla.
Aquellos ojos se clavaron firmemente en ella.
Tampoco dijo algo, y sus rasgos apuestos parecían un poco más definidos a la luz.
No pudo soportar su mirada y dijo: —se hace tarde, señor Vargas, puedes irte.
Dio su orden de expulsión y no le miró.
Ella tampoco mostró su amabilidad, que estaban divorciados, no le importaba nada.
Ricardo se levantó por fin del sofá,